A lomos de un mosquito,
el río pasado está
al otro lado me espera
un dragón espectacular.
Aquel dragón parecía malo
pero malo no era ya
puesto que su cola malvada
se había ido a pasear.
(Continuará...)
Breixo Vázquez De Las Heras
A lomos de un mosquito,
el río pasado está
al otro lado me espera
un dragón espectacular.
Aquel dragón parecía malo
pero malo no era ya
puesto que su cola malvada
se había ido a pasear.
(Continuará...)
Breixo Vázquez De Las Heras
"Hace mucho, muchísimo tiempo, el mar era de arena y los barcos no podían navegar.
Hubo una reunión mundial y decidieron recoger toda la arena posible y esparcirla por varios puntos del mundo, los llamarían desiertos. Pero ¿de qué llenarían el mar?
Quedaron en llenarlo de agua, pero, no un agua normal, un agua curativa, salada, yodada... Así lo hicieron. Gastaron toneladas y toneladas de sal, que salió de una mina que había en mi pueblo, era sal yodada.
Desde ese momento el agua del mar fue una estupenda fuente de salud."
Fdo. Breixo
Esta vez ha habido suerte y su profesora de lengua se ha empeñado en que corrigiese todas las faltas de ortografía para darle su visto bueno. El mío ya lo tenía antes, pero me alegro de contar con esta versión "mejorada" de la forma.
Erase una vez una isla en la que vivian unos pueblos, cada pueblo tenia un mago, todos los pueblos estaban cerca del mar, querian ir a conocer otras islas pero alli abia cinco vientos que no dejaban zarpar.
Un dia los magos icieron una pocion para expulsarlos pero uno de los ingredientes era un trozo de uno de los vientos. Un mago se izo amigo de uno y le dio parte de el. Cuando consiguieron acer la pocion expulsaron a los vientos escepto al viento que se izo amigo del mago y asi pudieron recorer el mar y descubrir otras islas.
Fdo.:
Breixo
EL SOLDADITO PESCÓN (II PARTE)
Erase una vez un soldadito que encontro su bocacion en ser un anzuelo de pesca pero tenia barias razones para estar triste.
Un dia escucho a un pajaro que decia a otro pajarito -e conocido a una persona mui rrara, era mui grande y en vez de tener alas tenia extremidades- el otro pajarito decia que alomejor era un humano, y el otro pajarito dijo- no, era mas pequeño y tenia la abitacion llena de soldaditos de madera y de plomo- Cuando el soldadito ollo esto decidio acer las maletas y irse de su casa. Antes de irse se dio cuenta de que no tenia ni pajolera idea de a donde iba. Intento preguntarselo a las palomas pero las palomas ijnorandolo con intencion de acer una broma, lo cogieron con el pico y lo llebaron asta la casa del niño.
Callo encima de la cama donde abia dos soldaditos de madera(m=madera,p=plomo)que le dijeron -ola- El soldadito dijo -ola- En ese momento entro Dani por la puerta y dijo- aiba ¡Mamá, mamá tengo un soldadito nuebo! Maria dijo -¿y como entro?,lo trajeron unos pajaros bromistas. CONTINUARA.
Por no ser la típica madre pesada, contadora incansable de las proezas de su hijo, durante demasiado tiempo he reprimido, incluso con mis más íntimos, mi impulso frecuente de hablar de "mi trocito de vida" como llamaba al mío de bebé.
No es justo, porque la verdad es que desde que nació, no ha parado de hacer cosas extraordinarias que me maravillan. Me he propuesto empezar a compensar ese absurdo desatino mío que, de no corregirlo, impedirá que mi fascinante hijo de nueve años tenga la oportunidad de oirle decir a alguien, alguna vez, eso de "¿sabes lo que me contó tu madre que hiciste de pequeño?".
Éste es el cuento que me envió por correo electrónico hace pocos días desde el ordenador del despacho de su padre. El encabezado, un enooorme "Mamá te quiero" lo he guardado sólo para mí.
Te envío un cuento inventado.
EL SOLDADITO PESCON
ERASE UNA VEZ UN SOLDADITO DE PLOMO:ERA DE MADERA,CON UN GORRo rojo...que se aburia bastante.Un dia se callo a la pecera,yse empapo sobretodo se empapo su gorito,se puso un poco triste, pero le gusto porque descubrio que los peces se le acercaban muchoy le mordiqueaban,acia bastantes amigos.su dueño era pescador,al berlo tubo unaidea.desde entonces hace de cebo.
(Continuara)
¿A que no soy una tonta sentimental? ¿A que es genial?
Ayer recibí una de esas llamadas que sólo por la hora ya presagian malas noticias. Yo estaba celebrando la apertura de este blog y divirtiéndome por adelantado con sus consecuencias y una noticia borró mi cara de fiesta.
Hace muchos años yo trabajé para una organización que creaba hogares para huérfanos sociales. Una alternativa a los hospicios más que plausible. Grupos de hermanos o hijos únicos a los que rescatábamos de la calle antes de que fuesen a parar a los centros de acogida oficiales, para darles una casa, una “madre” y, sobre todo, una oportunidad. Los Servicios Sociales nos hacían llegar los expedientes de los casos más complicados. La primera “familia” que se formó, estaba compuesta por cuatro hermanos. La pequeña tenía siete años y el mayor catorce. Por norma, la organización no admitía a mayores de doce años, porque no se contaba con medios suficientes para enfrentarse a la problemática añadida de los adolescentes recién llegados y la prioridad eran los pequeños. Pero dejar sin cabeza a este grupo era un crimen y se hizo una excepción.
El mayor, llevaba cuidando de sus tres hermanos cinco años desde que se quedaron solos, cuando la pequeña tenía sólo dos. Hasta que nos hicimos cargo de ellos, había hecho lo que había podido, les había obligado a ir todos los días al colegio, no porque creyese importante su educación, sino para garantizarles al menos una comida al día en el comedor escolar. Los aseaba y les conseguía ropa, y había falsificado firmas y permisos para que nadie descubriese que vivían solos y no separasen a los hermanos llevándoselos a casas de acogida o familias adoptivas. Durante cinco años había conseguido que sobreviviesen en una choza inmunda en la que no había baño, ni camas ni cocina pero, eso sí, exhibía orgullosa un completo equipo de música, dos televisores y un vídeo. Hizo lo que pudo y siguió haciéndolo hasta que, hace unos días, ya no pudo más. Había desaparecido desde el día quince y lo encontraron antes de ayer, roto y rendido, en el fondo de un barranco. Tenía veintiocho años y toda una vida por delante que, dejó claro, no quería.
Cuando me lo contaron, su imagen vino a mí lógicamente. La última imagen que tengo de él es de sus dieciséis años, sonriente (era de sonrisa fácil), delicado en el trato y gestos nerviosos. Recuerdo perfectamente su cara y sus gestos, así que no he querido buscarlo en las fotografías que tengo de él. Recuerdo sus carcajadas, su hablar por hablar para que nadie se sintiese excluido, su levantar del asiento repentino como si se le hubiese olvidado algo fundamental, sus silencios densos y distantes aprovechando la charla de los demás, ese caerse en un pozo sin fondo de alguna de sus miradas perdidas. Siempre supe que nosotros no podíamos ayudarle a ser feliz, pero creí ingenuamente que mejoraríamos su vida, que quitarle la carga que había llevado él solo y cuidar de él como nadie había hecho nunca sería algo bueno. Llegué a creer que tendría una oportunidad.
Me equivoqué y lo que desde anoche me pregunto es si ese “se acabó” no será más responsabilidad nuestra que de la vida. Porque si lo hubiésemos dejado en su cueva, no habría tenido ilusiones, y las ilusiones no le habrían hecho tener esperanza, y la esperanza no le hubiese hecho hacer planes, y los planes lo le hubiesen hecho tener deseos. Y quizá ahora tendría veintiocho años de mierda, aceptados, como traía aceptados los primeros catorce, o quizá no hubiese pasado de los dieciocho, quién sabe, pero lo que es seguro es que no habría tenido ilusiones.
Después de buscarlo durante días con desesperación, habían encontrado su cuerpo gracias a que vieron su móvil al principio del barranco. Su móvil. Había sacado su móvil del bolsillo antes de tirarse. No había llamado a nadie, pero quizá lo pensó, quizá estuvo un rato con el móvil en la mano pensando a quién llamar. Eso es lo que torturaba a la amiga que me llamó ayer para contármelo. Eso es lo que torturaba a todos los que se reunieron en el tanatorio para llorar juntos por él. ¿Es que no tenía a nadie a quién llamar? ¿Nadie a quién acudir? Pero si todos cuidaban de él, me decía mi amiga, la organización, sus amigos, nunca le habían abandonado.
Yo salí de su vida hace trece años y no hubiese podido estar, es lógico. Pero estoy segura de que, aunque hubiésemos seguido de cerca con esa relación protectora por mi parte, de curiosidad y agradecimiento por la suya, que tuvimos durante dos años, tampoco me hubiese llamado a mí. A pesar de que yo era su confidente favorita, no hubiese marcado mi número desde el móvil inútil que dejó en el suelo antes de decidir que ya era suficiente. Porque no quería más, no quería más esperanzas, ni más sueños, ni más deseos. Se llamaba Eusebio y en Febrero cumpliría veintinueve años. No quiso cumplirlos. Yo hoy lloro y honro a mi Eusebio de dieciséis años y toda una vida por delante, pero la verdad es que hoy enterrarán al que tenía veintiocho años de mierda y no quiso ni un solo día más. Descansa en paz.